La historia que habita en cada instrumento

Cuando hablamos de un instrumento musical, inevitablemente también hablamos de historia. Cada instrumento tiene una vida que contar. Algunos llevan décadas o incluso siglos entre nosotros; otros acaban de salir de las manos de un luthier y están esperando que alguien toque en ellos sus primeras notas. Pero antiguos o modernos, todos comparten algo maravilloso: su historia se construye a través de las personas que los crean, los cuidan y, sobre todo, los hacen sonar.
¿Alguna vez te has detenido a pensar cómo se construye la historia de un instrumento?
Un instrumento antiguo puede haber pasado por innumerables manos. Puede haber recorrido ciudades, países y continentes. Ha estado en salas de ensayo, conservatorios, pequeños teatros y grandes escenarios. Ha acompañado conciertos memorables y también incontables horas de estudio en soledad.
En su madera, en sus marcas y en el desgaste natural del tiempo quedan pequeñas huellas de todo aquello.
Cuando tenemos uno de estos instrumentos en nuestras manos, resulta inevitable imaginar quién lo habrá tocado antes. Qué música habrá interpretado. Qué escenarios habrá conocido. Cuántas personas habrán escuchado su sonido y cuántos músicos habrán encontrado en él una manera de expresar aquello que las palabras no podían decir.
Hay algo profundamente emocionante en pensar que un instrumento puede continuar haciendo música mucho después de que quienes lo tocaron hayan desaparecido.
Pero la historia no pertenece solamente a los instrumentos antiguos.
Los instrumentos nuevos también tienen una historia
Un instrumento moderno tiene algo igualmente fascinante: su historia está comenzando.
Tal vez somos nosotros quienes tocamos sus primeras notas, quienes lo llevamos por primera vez a un escenario o quienes comenzamos a descubrir su sonido.
Con el paso de los años aparecerán pequeñas marcas. Viajará dentro de su estuche. Entrará a salas de ensayo y escenarios. Vivirá conciertos, audiciones, clases, grabaciones, encuentros y momentos personales que poco a poco irán formando parte de su identidad.
Quizás algún día ese mismo instrumento llegue a las manos de otro músico. Y probablemente esa persona nunca conozca todas las historias que nosotros vivimos junto a él. Pero nosotros tendremos una certeza maravillosa: fuimos parte de su historia.
Antiguo o moderno: la historia continúa
Durante mucho tiempo, en el mundo de la música hemos sentido fascinación por los instrumentos antiguos. Y existen razones para ello: algunos poseen una calidad extraordinaria y representan siglos de tradición en la construcción de instrumentos.
Sin embargo, hoy sabemos que reducir la conversación a determinar si un instrumento antiguo es mejor que uno moderno tiene cada vez menos sentido.
Existen instrumentos antiguos excepcionales y también instrumentos modernos extraordinarios. Grandes luthieres contemporáneos continúan desarrollando instrumentos capaces de acompañar las más altas exigencias de músicos profesionales.
Quizás, entonces, la pregunta más interesante no sea solamente cuántos años tiene un instrumento, sino qué historia estamos construyendo con él. Porque el valor de un instrumento no está únicamente en su edad. También está en la música que ha interpretado, en las personas que ha acompañado, en los lugares que ha conocido y en las emociones que ha ayudado a transmitir.
Nosotros también escribimos su historia
Cada vez que tomamos nuestro instrumento para estudiar, ensayar o subir a un escenario, estamos agregando una nueva página a su historia. Un concierto más, un viaje más, una obra nueva, una grabación, una clase, un encuentro con otro músico. Incluso aquellas horas de estudio que nadie escucha forman parte de esa historia.
Muchas veces pensamos que somos nosotros quienes poseemos un instrumento. Pero quizás podríamos mirarlo de otra manera: durante algunos años, simplemente somos sus guardianes. Lo recibimos en algún momento de su existencia, compartimos una parte de nuestra vida con él y dejamos nuestras propias huellas. Después, quizás continuará su camino en otras manos, con otros músicos y en otros escenarios.
Y así, generación tras generación, su historia seguirá creciendo.
Por eso, cuando tengas tu instrumento entre las manos, antiguo o moderno, piensa por un momento en todo lo que representa. Si tiene muchos años, pregúntate por las historias que llegaron antes que tú. Si es nuevo, imagina todas las historias que todavía están por venir.
Porque cada instrumento tiene una historia. Y cada vez que hacemos música con él, nosotros también comenzamos a formar parte de ella.
Equipo Rondo